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22-08-2012

Correa, Assange y la libertad de expresión

Montserrat Boix

La decisión de Ecuador de otorgar asilo Julian Assange, tras casi dos meses de refugio en la embajada de Londres, ha encendido el debate internacional y ha puesto de nuevo sobre la mesa el tema de la libertad de expresión. Algunos medios europeos y latinoamericanos han aprovechado la oportunidad para criticar al Presidente ecuatoriano Rafael Correa, con el argumento de que éste apoya a Assange mientras en su país coarta esta libertad de expresión reivindicada.

Permitidme un paréntesis de recordar que para las mujeres, excluidas e invisibilizadas en los medios tradicionales, la cuestión de la comunicación ha sido siempre estratégica. Por ello, en Mujeres en Red consideramos que el derecho de la ciudadanía a la comunicación y a la información está por encima de los intereses corporativos de las empresas periodísticas, con dinámicas cada vez más monopólicas; por ello también seguimos de cerca, desde hace tiempo, el proceso de Ecuador.

Se impone profundizar en el tema no sólo por el caso de Ecuador, sino porque vamos a ver casos similares -y hemos visto- en otros países latinoamericanos. Pido disculpas porque voy a ser un poco esquemática y el tema es sin duda complejo y con matices.

Muchos medios de comunicación privados y algunos públicos -por contagio- han aprovechado para criticar a Correa por su confrontación con los medios de comunicación de propiedad privada en Ecuador, han dicho que es su manera de ‘lavarse la cara’ por lo que está pasando en su país.

El debate de la democratización de la información es, desde hace muchos años, un eje de trabajo en Ecuador. De hecho, la nueva Constitución ecuatoriana es la primera -y creo que todavía la única- que incorpora el derecho de la ciudadanía no sólo a la información sino a la comunicación, es decir, al proceso bidireccional no sólo de consumir información sino el reconocimiento del derecho de la ciudadanía también de producirla.

La información ya no puede ser considerada como una mercancía sino como un servicio público y como bien cuyo acceso debería estar garantizado para toda la población. Por tanto en comunicación se otorga el peso del poder a la ciudadanía y no a las empresas periodísticas. Para profundizar en el marco teórico-político recomiendo este texto: Derecho a la comunicación, un derecho emergente emergente [1], que además incorpora un interesante análisis desde la perspectiva de la modificación que introducen las Tecnologías de la Información y la Comunicación.

Casi todos los medios de comunicación privados en América Latina han tenido una posición brutal, en algunos países casi golpista, contra los gobiernos de izquierdas/progresistas que han surgido en estos últimos años. En cada país cada gobierno ha lidiado la situación como ha podido, con más o menos confrontación. Brasil, Venezuela, Bolivia, Argentina…

En el caso de Ecuador, la preparación de una Ley de Medios de Comunicación está siendo compleja porque toca muchos intereses (Podeis ver el debate en la web del Foro Ecuatoriano de la Comunicación http://forocomecuador.blogspot.com/).

Entre las primeras decisiones que tomó el gobierno de Correa -el Presidente Correa tomó posesión en el 2007- fue la creación de medios de comunicación públicos, ya que antes en Ecuador sólo existían medios privados y medios comunitarios. La definición de medio público, por cierto, también está en debate en estos momentos… y no sólo en Ecuador.

Como consecuencia del trabajo sobre la nueva Ley de Medios de Comunicación, en Ecuador empezó a debatirse el reparto del espectro radioeléctrico y las empresas privadas, que antes tenían todo el control, vieron cómo iba a disminuir su pastel… tenían que repartir con los medios públicos y los medios comunitarios, así que decidieron apretar más las tuercas y presionar más a Correa y su gobierno.

En muchos países, cuando los medios privados empiezan con las guerras contra los gobiernos, los gobiernos ceden. En España es evidente el poder de PRISA -que a través de Santillana y otras empresas se extiende en algunos países clave de América Latina, Colombia, por ejemplo-, y los medios que controla la iglesia y otros poderes de la caverna. En Ecuador, Correa ha decidido plantarles cara. Y una de las cosas que ha hecho, por cierto, es retirar la publicidad institucional -que es mucho dinero- de estos medios.

Es interesante escuchar a Correa en sus intervenciones de los sábados, que se emiten a través de la televisión pública -se puede considerar algo populista, pero también es un excelente ejercicio de transparencia informativa que ya me gustaría ver en Europa con nuestros gobernantes- en las que el tema de la comunicación siempre es un eje clave.

Creo que algunas veces las formas que utiliza Correa en la bronca con los medios privados no es la más adecuada… pero sin duda el fondo está cargado de razón. Quitar poder a los medios privados es vital para poder desarrollar proyectos políticos más sociales, porque frecuentemente en América Latina los intereses de los medios privados están conectados con las derechas y ultraderechas de estos países.

Otros casos para la reflexión: en Colombia el Presidente Santos y su familia son propietarios de todo un imperio mediático. Qué decir, por cierto, en Italia del caso Berlusconi, en fin…

En este sentido, el discurso de Assange y la práctica de Wikileaks de transparencia informativa es sin duda un elemento estratégico de las batallas que se están librando en América Latina y, no lo olvidemos, en todo el mundo.

Me preocupa que las acusaciones sobre Assange tengan realación con supuestos abusos sexuales y me hubiera gustado que en su comparecencia pública hubiera mencionado el tema, aunque sólo hubiera sido para desmentirlo. Bien es verdad que su abogado, Baltasar Garzón, ha dejado clara la disposición de Assange a declarar ante la justicia sueca sobre este tema y mantiene abierta la posibilidad de que sea interrogado en la embajada ecuatoriana de Londres, algo que sería legalmente posible y que ofrecería garantías a Assange de que no sería extraditado a un tercer país. Así lo considera también el gobierno de Ecuador en su texto oficial sobre los motivos por los cuales otorga asilo diplomático a Julian Assange

En fin… a mi personalmente no me gusta ni un pelo Assange, sin embargo aquí estoy defendiendo su protección. Me siento, por cierto, mucho más identificada con las políticas ciudadanas y la llamada "revolución ciudadana" de Correa, también con sus claro-oscuros. Y entiendo y me parece interesante la alianza que se ha establecido.

P.-S.

Publicado en De política, soberanías y Assange. Originalmente en http://www.mujeresenred.net/spip.ph... (visitada 22-8-2012)

Notas

[1] María Paula Saffon, FES, Bogotá, 2007.


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