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17-03-2011

América Latina: hacia un nuevo sentido histórico

Aníbal Quijano

Estamos en medio de una crisis furiosa, que junta, al mismo tiempo, el cambio climático global y la más feroz crisis financiera capitalista, que se confunde casi virtualmente con la crisis global del mismo sistema capitalista. Estas dos crisis mayores, la del clima -es decir de lo que le ocurre a eso que llamamos naturaleza-, y la del sistema financiero mundial, que arrastra a todo el aparato de acumulación de capital, no son separadas ni “naturales”. Lo que le está ocurriendo a la naturaleza, el llamado “cambio climático global”, es producto de lo que nuestra especie le ha estado haciendo en la Tierra, es decir, un proceso de destrucción de las condiciones mismas de vida sobre el Planeta.

Esto no es un accidente, es una muestra del patrón de poder dentro del cual habitamos, y el cual además nos habita; del modo como el capital y el capitalismo mundial han estado desarrollándose, en una tendencia cada vez más perversa, cada vez más tecnocrática, en la cual lo único y último que cuenta es cómo usar todo, absolutamente todo, como mercancía y, en consecuencia, hacer del lucro la única, la exclusiva finalidad: todo el sentido de la historia concentrado en la mercancía y en el lucro proveniente de ella.

Es de este modo que, en un ciclo relativamente extenso, se consolidó un modelo que implica el uso y la explotación de la naturaleza, que ahora se agudiza de manera diaria y veloz. Entonces, lo que le pasa a la naturaleza no es natural, es histórico, es lo que ocurre con el poder entre nosotros, es un tipo de poder que no solamente está aniquilando nuestra casa común, el planeta, reduciendo, eliminando las condiciones de vida en él, sino que además nos está haciendo matar entre nosotros, como sucede en Irak, en Afganistán, en Gaza, como sucedió antes en el cuerno de África -Sudán, Ruanda, Burundi, Nigeria-, como pasó en los Balcanes y como pronto comenzaría en América Latina si es que se lo permitimos.

Esto es realmente una circunstancia excepcionalmente crucial de nuestra especie. No es cualquier momento, no se trata solamente de una crisis, no se trata de un ciclo de la crisis. Es verdad que el capitalismo ha estado marcado por ciclos de crisis, pero esta no es un ciclo más, es otra cosa.

¿Por qué no es otro ciclo de crisis? De manera muy esquemática y breve, desde aproximadamente mediados de los años 60 comenzó a haber un cambio muy profundo en las relaciones entre capital y trabajo, una parte del trabajo no sólo que fue expulsada durante el ciclo de contracción sino que, además, los nuevos que ingresaban no eran absorbidos por el capital. Esto es lo que en América Latina conceptualizamos como marginalización de la mano de obra nueva, la fuerza viva de trabajo individual comenzaba a quedar de manera creciente fuera del aparato productivo y en consecuencia del empleo. Esto se desarrolló a toda velocidad, de modo que a mitad del año 73 llegó a un momento de explosión.

En ese año, hubo una culminación del proceso de cambios entre el capital y el trabajo. La exclusión creciente del trabajo y la crisis -esta estagnación e inflación en Norteamérica se la llamó estanflación-, por el estancamiento productivo virtualmente total a nivel del mundo e inflación creciente, un fenómeno que nunca antes había ocurrido en ningún momento de la historia previa. Cada estancamiento significaba deflación, caída de precios, por primera vez en 500 años de historia teníamos estancamiento productivo mundial e inflación creciente. A partir de ese momento se forma lo que se llama desempleo estructural, que genera una desintegración del movimiento de los trabajadores del mundo, una virtual desintegración de sus instrumentos sociales, la dispersión de esos grandes conglomerados fabriles. Este momento marcó la transición a otra etapa.

El capital como tal aparece dividido en dos partes sumamente precisas, una de ellas, creciente, en la cual prácticamente no se necesita fuerza viva individual de trabajo, porque todo el proceso de informatización y de tecnologización permite producir cualquier cosa, en cualquier momento, en cualquier cantidad, sin recurrir a fuerza viva de trabajo. Esto significa que lo que ahí se produce puede en este momento virtualmente -si se quiere- ser distribuido gratuitamente porque no usa trabajo vivo, usa trabajo acumulado y socialmente acumulado; usa la inteligencia acumulada de todos nosotros pero no usa el trabajo vivo individual de la mayor parte de nosotros, por lo tanto sus tendencias de tasa de ganancia, en algunos momentos, llega a nada.

Un ejemplo de esto es cómo en las grandes tiendas pueden regalar un teléfono celular, pero quien lo adquiere queda matriculado en una red de servicios, por lo cual tiene que pagar mensualmente una cantidad. Esto sucede porque el costo de producción de ese aparato es cero o menos que cero. La mercancía, que es el sustento principal de la acumulación, es la cabeza de quien adquiere el producto, la subjetividad, la mentalidad. En esta situación, los trabajadores excluidos de esas dinámicas tienen que aceptar condiciones imposibles, la precarización, la flexibilización o salir del aparato del capital como capital y aceptar o ser obligados a otras formas. La esclavitud está en plena re expansión en todo el mundo, no sólo en Brasil, no sólo en la hoya amazónica, sino en todas partes del mundo. La servidumbre personal está de regreso; la pequeña producción mercantil está de regreso y, por supuesto, está de regreso la reciprocidad, en una gran parte del mundo.

Esta situación implica tres cosas que son muy importantes de entender, para visualizar no sólo lo que puede pasar sino lo que ya está comenzando a pasar:

1. La relación entre capital y trabajo ha cambiado dramáticamente, hasta el punto en que la parte dominante del capital no sólo no tiene capacidad, sino que no tiene interés en producir empleo; al contrario, hay que eliminar el trabajo. Entonces, no podemos esperar más que el capital produzca más empleo, nunca más.

2. Por eso mismo, tampoco es posible esperar que el capital produzca el mínimo de libertades públicas asociadas al mercado, como fue parte de los procesos previos. Por eso, la democracia política está siendo reconcentrada, lo público está siendo re privatizado constantemente desde el centro hasta la periferia.

3. Por lo tanto, el cambio de la base misma del capital no es más la compra y venta de la fuerza de trabajo, sino el control de nuestra subjetividad, el control de nuestras mentalidades. Es en ese control que radica la disputa principal del momento.

Esto último no sucede solamente porque el capitalista es mala persona o porque el periodista que informa es inexperto. No, ésta es la estructura del momento actual que necesita crecientemente el control de las mentalidades, el control de la información, el control del pensamiento, porque de otro modo no podría existir.

Acabamos de ser testigos y protagonistas, hace muy poco, de lo que se llama la gran crisis financiera del capital. Pero no hay tal crisis financiera, se trata del más grande y escandaloso fraude financiero de toda la historia contemporánea, hecho de manera absolutamente premeditada y planificada. ¿Hay alguien que, en su sano juicio, piense que un banquero, sobre todo en Estados Unidos, va a prestarle dinero a alguien que sabe perfectamente que no le puede pagar? Obviamente no. Pero en este caso, los banqueros no sólo estaban prestando a quien sabían que no podía pagar, sino que estaban estimulando a pedir crédito, a sabiendas que no iban a pagar. El mecanismo fue: un banco que tiene miles de estos créditos los vende a la próxima compañía aseguradora y ya ganó dinero; esa compañía aseguradora se la vende a la más grande y ya ganó dinero; y esa compañía aseguradora -la más grande-, digamos la American International Group (AIG), negoció con el Estado, porque los bancos comenzaron a entrar en falencia.

Ellos estaban en condiciones de organizar todo esto, para hacer que el Estado -antes que Bush se vaya, además, no en cualquier momento-, les dé la mayor cantidad posible de dinero ¿de dónde?: de los contribuyentes, de la población de Estados Unidos y de nosotros que somos, de algún modo, contribuyentes de la capital del imperio.

Esto es un fraude financiero escandaloso, sistemáticamente organizado y promovido. Una vez que el gobierno de Bush logró darles 700 mil millones de dólares en un primer momento a los banqueros, estos hicieron una gran celebración en un restaurante de San Francisco, cuya cuenta fue de varios cientos de miles de dólares. ¿Qué estaban celebrando? Esto exactamente. Lo mismo en Inglaterra, cuando Brown les dio una cifra casi equivalente en libras esterlinas, los banqueros fueron a celebrarlo en un restaurante carísimo y la cuenta fue de nuevo de varios miles de libras esterlinas. Obviamente, no estaban celebrando la crisis sino el modo como lograron hacer un gigantesco fraude financiero en su propio beneficio. Y cada miembro de cada una de las compañías en quiebra se llevó a su casa decenas de miles de millones de dólares como compensación.

No estamos hablando de una crisis financiera natural, de una crisis cíclica, porque hay una parte del capital donde virtualmente ya no se usa fuerza viva individual de trabajo. Entonces, la financiarización es la única forma de realizar estos réditos en el mercado; sin capital financiero, es decir sin especulación activa y constante, favorecida por los fabulosos medios de comunicación, esto no sería posible.

Todo el producto bruto del mundo entero pasa durante una semana por todos los canales y mecanismos de comunicación financiera, sólo de la ciudad de Nueva York. Son, por lo tanto, trillones y trillones de dólares ¿Quién cree realmente que existe esa cantidad de dinero?, ¿quién cree que están produciendo esa cantidad física de dinero, que eso es real? No, si Estados Unidos no tuviera el poder militar y bélico que le da la capacidad de sellar dinero y mandarlo a circular en el mundo ese país estaría quebrado.

Estamos, por lo tanto, en otra cosa, se trata de un nuevo capital financiero que no tiene mucho que ver con el previo, porque ese no corresponde a ciclos, corresponde única y estrictamente a sus necesidades de especulación, y para garantizar que esa tendencia baja de las ganancias pueda ser compensada por todos los medios posibles, requiere del control de la conciencia, de la mercantilización de las conciencias, no de la fuerza viva de trabajo.

Transitamos hacia un cambio histórico mayor

Quiero insistir no en la idea, sino en el hecho histórico real de que estamos en un mundo muy diferente del que teníamos hace sólo 30 o 35 años, que hay un cambio histórico mayor, que se trata de otro período histórico, no en un sentido retórico sino real.

Entre aproximadamente mediados del año 73 del siglo y el milenio anterior y fines de los ochentas, ocurrió un conjunto de procesos que literalmente hicieron estallar lo que antes había. Ese año hubo una combinación inédita en la historia económica del mundo de estancamiento de la actividad productiva con inflación creciente. Siempre fue al revés, en todas las grandes crisis, sobre todo a partir de 1870, 1912, 1914, 1929, 1940, es decir en cada crisis importante, el estancamiento productivo fue acompañado de baja de precios. Era la primera vez que venía un estancamiento de la actividad productiva mundial con inflación creciente. Eso generó, al mismo tiempo, la formación de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) y la formación de los llamados petrodólares, algo también inédito: un gigantesco hongo financiero, un nuevo capital financiero cuya magnitud lo hacía virtualmente independiente de cualquier Banco Central, incluso de los más poderosos, comenzando por el de Estados Unidos. Estábamos asistiendo al estallido de una parte muy central de la estructura que había en ese momento.

Pero también los sesentas del siglo pasado se cierran con una gran derrota de lo que parecía abrirnos un horizonte que iba a dar sus frutos: termina el Mayo 68, el Tlatelolco 68, el otoño caliente de Italia 69, el fusilamiento de la comuna de Shangai decretada por el propio Mao. Los sesentas se cierran con estas grandes derrotas.

¿Cómo inicia el llamado neoliberalismo?, ¿cómo se comienza a contestar a esa combinación de estancamiento productivo, de alta inflación y de crecimiento del novedoso sistema financiero nuevo? Con Pinochet. Lo que llamamos neoliberalismo comenzó exactamente con Chile y sus Chicago boys. Fue tomado después por la señora Thatcher, en Gran Bretaña, y después por Reagan, en Estados Unidos.

También eso comenzó en América Latina y no por accidente, porque era aquí donde estaba emergiendo una nueva forma de cambio también inédita. No hubo, desafortunadamente, a pesar de nuestros cantos a la solidaridad internacional, ninguna asociación entre el proceso boliviano del 71 al 72 -el más radical y profundo cambio histórico de América Latina de ese momento-, y el otro cambio paralelo importante que era el de Chile, no hubo nada en común. La derrota de uno preludió la derrota del otro, pero el otro no lo entendió, nunca lo quiso entender.

Pero volvamos al momento económico: ¿cómo manejar ese nuevo hongo financiero gigantesco y generar una acumulación especulativa en el centro de todo el resto? La stop inflation produjo un gigantesco proceso de desindustrialización, de desocupación mundial, es decir de derrota del trabajo, de desintegración del gigantesco mundo sindical de Estados Unidos, Europa y otros lados.

Una derrota del trabajo, en primer lugar, pero eso además fue asociado a la desintegración, increíblemente rápida, de lo que se llamaba el campo socialista que se desintegra en unos años y que termina con la implosión en una semana -ni siquiera en un año-, sin guerra, sin bombas, sin terremotos, sin grandes catástrofes. Esa cosa poderosa, que parecía sólida, inmutable, llamada Unión Soviética se evaporó en una semana. Entonces teníamos dos procesos paralelos de derrota mundial, la del stop inflation y su crisis; y la derrota del otro campo. Fue todo un horizonte histórico que estaba eclipsándose.

Desde hace quinientos años tuvimos un horizonte histórico que fue emergiendo del nuevo patrón de poder y su nuevo centro. La nueva identidad histórica que hoy llamamos Europa Occidental es posterior a América, más aún, fue esta última quien le dio su primera fuente de identidad como centro, de allí sustrajo el poder de definir la llamada modernidad, que es casi puramente eurocéntrica. Subsecuentemente vino el anticolonialismo, el nacionalismo y el socialismo.

Pero la derrota de este horizonte histórico parecía tan completa, que hizo posible que Fukuyama, un sombrío funcionario de una oscura oficina de burócrata, haciendo una grosera interpretación de un ala del pensamiento hegeliano y post hegeliano, sobre todo de Alexandre Kojève en sus famosos seminarios en Francia, llegara a la celebridad mundial diciendo: ‘se terminó la historia’.

Venimos de esa derrota, misma que implicó la derrota del trabajo, la de todos los rivales del poder imperialista pero y también de sus antagonistas, y de todos sus críticos.

Esto permitió a los dueños del nuevo capital avanzar a toda velocidad, hubo una brutal aceleración y profundización de las tendencias del patrón de poder existente. Hubo una reconcentración mundial del control de autoridad política del Estado. Las librerías se llenaron de publicaciones sobre la crisis del Estado-nación, incluso ganó celebridad un libro llamado Imperio de Michael Hardt y Antonio Negri, cuyo centro es exactamente que no hay más Estado-nación, y lo que tenemos es un imperio tal como en el que describía Polibio. Es decir que no solamente la estructura de la existencia social previa estaba terminándose, se estaba terminando la llamada clase obrera industrial, la vieja burguesía estaba siendo acogotada, se generaba una nueva burguesía totalmente nueva, con sus propias peculiaridades y tendencias.

Esto avanzó casi sin resistencia durante sus primeros treinta años, pero las primeras resistencias comenzaron en el sureste asiático; la prensa europea o eurocéntrica dice que comenzó en Seattle, por supuesto, pero no fue así. Comenzó en Corea del Sur, en Indochina, fueron las grandes revueltas populares que no solamente pusieron abajo al gobierno de Sur Corea, sino que generaron una reestructuración a esa satrapía sangrienta que había impuesto el imperialismo norteamericano en Indonesia, con el General Suharto, que produjo medio millón de muertos en tres meses. Un informe de la CIA, dijo de forma textual: ¡corre la sangre en los ríos!.

Ahora en América Latina hay mucho más que resistencia, no solamente por los procesos que ocurren en Ecuador, Bolivia y Venezuela. América Latina es nueva por varias razones, es el centro mismo de la resistencia mundial. Primero, porque esta profundización y aceleración de las tendencias básicas, el control sobre el trabajo, no solamente ha producido una polarización muy grande, sino que además ha producido dos límites que no tienen reversa y es ahí donde estamos: los nuevos planteamientos tienen en cuenta los límites en la relación con las condiciones de existencia de vida en el planeta y, segundo, abordan el límite de las relaciones de existencia social fundadas en la perversa combinación de dos constructos mentales: raza y género.

Hay una subversión de lo llamado raza. Las víctimas de la colonialidad del poder están creando toda una subversión; sin eso no se entiende lo que ocurre en Ecuador, Bolivia, Perú. En otros horizontes, en el Foro Social Mundial de Mumbai (2006), los Adivasi, los llamados indígenas de la India, y los Dalit, los intocables de la India, hicieron una presencia que denota preocupaciones similares.

En segundo lugar, es aquí donde ha comenzado a evidenciarse la inviabilidad de tesis tales como la del fin de la historia. Se terminó la historia quería decir: ahora todo lo que ustedes pensaban es inútil, fueron grandes relatos; los llamados post modernistas sustentaban que la modernidad se terminó y con ella las ideas de liberación que eran consideradas como grandes relatos, puro cuento; el poder no es más que una cuestión, es un “fact of live”, nos guste o no, decían.

La crítica radical al eurocentrismo

En América Latina estamos produciendo hoy la más eficaz y profunda crítica del eurocentrismo, que es un modo de producir subjetividad, imaginario, memoria histórica, es un modo de producir conocimiento que permite ver unas cosas y no ver otras.

Lo que llamamos capitalismo europeo se formó no junto con sino sobre la base de la esclavitud, sobre la base de la servidumbre, porque juntos constituían un esquema de producción de mercaderías para el nuevo mercado mundial. Así se llevaba al mercado mundial los metales preciosos y los vegetales preciosos de América. El Atlántico se convirtió en una cuenca privilegiada del mercado mundial en vez del Mediterráneo.

Si repasamos la historia del mapa, lo que llamamos Europa Occidental es una península de Asia, pero si nos preguntan cuántos continentes hay, entonces nosotros mismos decimos cinco y siempre comenzamos diciendo Europa. Eso no existía antes de 1500, el centro norte se apropió de la herencia del Mediterráneo sur y ulteriormente de América, y fue a partir de esto último que se constituyó como tal.

Por eso mismo está emergiendo hoy en América Latina la crítica más radical y eficaz al eurocentrismo - como modo de producir subjetividad, imaginario, memoria, conocimiento-, a la propuesta de la colonialidad y la colonialidad del poder, que trabaja sobre una base del re descubrimiento y de una recusación de la episteme racista, que seculariza junto con eso la teología cristiano-medieval, que genera ese dualismo radical del que aún somos presos, con su evolucionismo positivista, desde fines del siglo XIX.

No estamos proponiendo simplemente algo nuevo en contra de eso, lo que está ocurriendo es que están reapareciendo nuevas racionalidades, de las que fueron colonizadas, están incluso produciéndose otras nuevas. Probablemente lo que tendremos en el futuro no es tanto una racionalidad común a todos, decretada por algún Dios, sino varias racionalidades, o sea varios modos de producir sentido y explicar que, sin embargo, tengan una esfera común, por eso de comunicar. Hablamos de algo nuevo, donde la gente pueda comunicarse, aprender los unos de los otros y optar incluso por salir de una identidad cultural a otra, o tener varias identidades plurales. Muchos de nosotros tenemos varias identidades plurales, no una.

Es de esto que hablamos cuando decimos crítica radical del eurocentrismo y eso está ocurriendo en y desde América Latina. Hay una crítica muy profunda de la autoridad que está emergiendo en todo el mundo, pero América Latina es su centro, porque hay una subversión de la perversa combinación que montó el sistema de dominación social durante 500 años: la combinación de raza y género, dos constructos mentales que se han asociado y han sido impuestos a tal punto que parecen casi reales, casi naturales. Es una episteme, es una admisión de que implícitamente eso es natural y tiene que ser pensado de ese modo. Eso está siendo subvertido, y junto con esa subversión hay una subversión de la autoridad.

Al revés de lo que Hardt y Negri proponen, de que hay un imperio como Polibio describía, no hay tal cosa, lo que hay es un bloque imperial. Cuando se reúnen en Davos no solamente los más poderosos Estados, sino sus grandes corporaciones financieras, sus profesionales, políticos y sus presidentes, toman decisiones que nos afectan a todos. Eso es imperial. Entonces es un bloque imperial global hecho de Estados y entidades no estatales, intergubernamentales y algunas de ellas simplemente privadas pero poderosas. Esto permite ejercer el control de la autoridad.

En América Latina, no logramos nunca democratizar la sociedad al punto de hacer que todos pareciéramos social, jurídica y políticamente iguales, aunque fuéramos desiguales, como ocurre en la absoluta democracia burguesa. Tomo el ejemplo de la más avanzada, Suiza, que no viene de la tradición de la Carta Magna sino de la tradición de las comunidades helvéticas, que en el siglo XIII se sublevan contra el imperio y fundan la República Helvética -eso explica por qué no tiene ejército ni policía profesional, y por qué tiene al referéndum y la consulta como mecanismos permanentes-, pero incluso ahí donde esta presente la más profunda igualdad jurídica y política ante la ley, no se puede esconder las reales desigualdades de la población en los otros términos. La democracia que llamamos liberal burguesa es la igualdad jurídico-política de la ley de desiguales en cada esfera de poder. Pero en América Latina, o en otros lugares, no es solamente esa desigualdad, sino es otra mayor: raza - género, que se convirtió en la base misma de la clasificación social de la población y que su lugar en el poder fue distribuido. Por eso, sólo subvirtiendo el control de la autoridad, por lo tanto subvirtiendo el Estado que fue impuesto, no producido por esa sociedad sino impuesto, se puede tener otra autoridad política.

Si olvidamos por un segundo la palabra Estado y hablamos de autoridad política -que puede o no incluir al Estado-, aparecen otras formas que están de hecho emergiendo y que compiten con el Estado. La mafia es una autoridad política en el mundo de hoy, lo es en Brasil, ocupa cuando le da la gana las favelas en Río de Janeiro y Sao Paulo; su presidente, lo que se llama el primer comando en Sao Paulo, produjo una entrevista en la Folha de Sao Paulo: entró a la cárcel analfabeto, ahora lee cinco idiomas, cita a todos los que nosotros citamos en nuestras reuniones, todos los estructuralistas, cita a Deleuze, Derrida, Guattari, hasta por supuesto a Hardt y Negri, los cita con mucho realismo, pero desde el lado perverso, y les dice: ustedes son nuestros agentes -y es verdad, la policía, muchos parlamentarios, los militares -, por lo tanto la autoridad la co-ejercemos, y tiene razón.

Esa idea de que el Estado tiene el monopolio de la violencia terminó hace mucho tiempo. Por lo tanto, cuando hablamos de Estado no podemos continuar haciéndolo desde el período histórico pasado; cuando decimos clasificación social, no hablamos de la clasificación social del período pasado; cuando hablamos de capitalismo no hablamos del capitalismo del período pasado. Hay ahora capital, servidumbre, esclavitud, pequeñas producciones mercantiles en sociedad, todas juntas operando el mismo mercado. Y cuando decimos capital tenemos que recordar que en la parte tecnológicamente más sofisticada, conforme se avanza hacia arriba, la presencia de la fuerza viva individual de trabajo declina, y al final es virtualmente insignificante.

¿Cómo es posible que eso, sin embargo, no sólo sea dominante de todo el conjunto, sino que además pueda continuar ganando las ganancias que gana? No hay tal tasa descendiente de ganancia, todavía se puede ganar mucho más que antes. No porque no se pueda producir y distribuir gratuitamente, hoy día se puede, una buena parte se distribuye gratuitamente, sino porque se tiene el control de la autoridad, y porque se tiene el control de la subjetividad. Si para todos nosotros no es posible un imaginario diferente, si nuestro imaginario es preso de lo que había en el período histórico anterior, entonces no es posible. Pero este es otro período, estamos en otros procesos, por eso estamos produciendo, en América Latina, no sólo una subjetividad crítica, nueva, sino también un imaginario político nuevo.

La subversión de raza / género y la subversión contra el eurocentrismo, están asociadas a la producción de otra forma de existencia social, donde la diversidad está en todas las cosas, y para comenzar la de la reciprocidad, de intercambio de trabajo y fuerza de trabajo, que no pasa necesariamente por el mercado, excepto que no puede producir hoy día sin el mercado, ni desasociarse de él. Eso es una novedad: no hay más auto-subsistencia en ningún lugar del planeta, en América Latina menos. Entonces no se puede vivir sin el mercado, pero ¿cómo se puede vivir con sólo el mercado?, no es posible. Nadie puede vivir sin el Estado, pero tampoco se puede vivir sin él. Entonces, hay una nueva forma de existencia social que está emergiendo.

La reciprocidad y la comunidad son cosas que están articulándose, que crean otra ética social. No importa si en esa sociedad eran fascistas, izquierdistas -o ‘caviares’, como les dicen en el Perú a los ex, con toda razón. Esta relación social nueva crea una subjetividad nueva, crea una ética social nueva, por eso América Latina es otra porque el mundo que estamos habitando es otro.

Las facetas del poder

Lo que llamamos poder, la palabra poder, evoca por lo general el lugar en el Estado y el lugar en lo que se llama economía, pero no es solo eso. Cuando nos preguntamos qué otro modelo de desarrollo económico, qué otro modelo de economía puede producirse, el supuesto implícito es que sobre un llamado modelo de economía emerge el resto. Esto nunca fue así y ciertamente hoy día no es así. El poder es algo mucho más complicado, probablemente ya había dominación en la especie antes de ninguna explotación; probablemente - si la arqueología y la paleoantropología sirven para algo-, el primer mecanismo de dominación ocurrió entre los sexos; antes que nadie explote el trabajo de nadie, antes que nadie haga producir, ya se estaba haciendo reproducir a la especie, porque el control del sexo es eso: lo que permite la reproducción de la especie.

Hoy la tecnología permite seguramente reproducir de otro modo, se puede clonar, se puede realmente producir “razas reales”, con tales y cuales características al gusto del cliente, quizás se hará así más tarde. Pero el control de cada ámbito de la existencia social, el control sobre el sexo, sobre sus recursos y sus productos, sobre la naturaleza, es la lógica que así fue instalada; el control sobre el trabajo, sus productos y sus recursos, el control sobre la subjetividad, sobre el imaginario, la memoria histórica, el conocimiento, el control sobre la autoridad colectiva, la mayor hoy día, la más fuerte es el Estado.

No podemos casi imaginar que se pueda vivir sin Estado, pero el Estado fue impuesto desde arriba. El Estado financia su gestión con los aportes de los contribuyentes, toda la sociedad paga con sus impuestos, con sus consumos, con las explotaciones en el trabajo, en la casa y fuera de la casa, todos pagamos por los servicios públicos. La versión de la gratuidad de los servicios públicos es un contrabando intelectual y político. Eso no sería posible si no hubiera el control de la subjetividad, del imaginario, de las maneras de dar sentido a la experiencia.

Es tiempo de terminar con estas formas de control, especialmente con aquel de lo asociado a la naturaleza: el propio cuerpo, el cuerpo de los dominados. Se dice que el cuerpo no es la razón divina, pero es el cuerpo el que es explotado, torturado, que siente el dolor, la fatiga, el hambre, el deseo. Hay una fórmula liberal del siglo XIX que dice “bárbaros, las ideas no se degüellan”. Claro, las ideas no se pueden degollar, al que se degüella es al que piensa.

El poder es una estructura de disputa del control en cada uno de sus ámbitos, ese es su patrón de ejercicio. Pero aquel que tiene origen y carácter colonial, es el que está entrando en combustión, y el centro principal de esa combustión hoy es América Latina. Esto es nuevo porque en cada pliegue del poder estamos haciendo, ya, otra cosa.

En cada pliegue del poder hay el control del sexo que está tratando de ser reimpuesto, los fundamentalismos de todas las variantes -del cristianismo, del islamismo, del judaísmo-, están insistiendo en que sus códigos prohíben la vida sexual, vedan la sexualidad. Es muy curioso, por ejemplo, que en los debates llamados constitucionales estos problemas estén ausentes, casi deliberadamente, sólo los del otro lado dicen: no debe haber aborto, no debe haber homosexuales, el amor sólo es entre varón y mujer, entre macho y hembra, etc.; todo esto que, obviamente, nunca fue así, que no es así, y que no será así, simplemente. Se busca de nuevo producir el control del sexo, porque es la base misma del control sobre lo llamado natural, no sobre su razón sino sobre el cuerpo. El cuerpo, sin embargo, es exactamente el organismo que piensa, que sueña, que siente, que desea, que hace el amor, que tiene hambre, etc.

Esta en disputa hoy eso que se llama capitalismo, que es ahora cada vez menos salarial, su parte salarial es cada vez más deprimida y, en consecuencia, están de regreso las formas precapitalistas, que siempre fueron coetáneas y parte del capitalismo. Eso está llevando a una polarización social brutal que significa el riesgo de la extinción de una parte creciente de la especie. En el África, al sur del Sahel, mueren diariamente de hambre 150 mil niños, mientras que con lo que se gasta en Estados Unidos y Europa en perfumes se podría dar agua potable a la totalidad de la población del planeta.

El control del trabajo, como el control del sexo, el de la subjetividad y el de la autoridad están en combustión. No se trata, por lo tanto, sólo de resistencia, estamos haciendo propuestas y prácticas alternativas. Después de 500 años, es la primera vez en la historia de este patrón de poder que comenzamos no solamente a esperar un futuro sino a trabajar por ese futuro. Estamos, de cierta manera, conviviendo con el futuro que necesitamos, porque lo estamos delineando ahora. Esta idea no es una mera imagen, no es solamente una expresión de esperanza y de perspectivas, no es en ese sentido clásico una mera utopía, algo que no tiene lugar en el universo. Esto tiene lugar en el universo, está aquí, para que esto tenga sentido no sólo como imagen sino como fenómeno, como una tendencia real y necesaria de esta realidad.

Es por primera vez después de 500 años de derrota -derrota de todos no de unos solamente- que emerge no un discurso sino un otro sentido histórico, otro horizonte de sentido histórico en el cual la mercancía y el lucro dejan de ser el centro mismo de la propuesta. Cuando el inmenso movimiento llamado indígena -que no es nada homogéneo, es absolutamente heterogéneo y que comienza a usar incluso un nombre de origen colonial pero que lo asume-, emerge no sólo hablando, sino organizándose, actuando para decir nuestros bosques, nuestros campos, nuestra agua no pueden ser mercancía, no pueden ser vendidos, se está refiriendo a la defensa de las últimas condiciones de su existencia, sus últimas condiciones de sobrevivencia en el mundo. No pueden vivir más sin esa floresta, sin el oxígeno, sin el agua, sin los materiales que les permiten producir bienes culturales para su existencia. Esta es la primera vez que emerge otra propuesta de sentido histórico.

Esto está juntándose, además, al hecho de que una parte grande de la inteligencia contemporánea, especialmente la comunidad científica contemporánea, está insistiendo en la destrucción de las condiciones de vida en el planeta. Entonces tanto el movimiento de los más dominados de este mundo, aquellos que si se venden sus medios de subsistencia no podrían existir, como quienes dan cuenta de que si eso se termina, nadie podrá sobrevivir, confluyen en un análisis común.

Por fin emerge otro horizonte de sentido histórico que ya está aquí, ya está comenzando, y no es sólo discurso y asambleas; las comunidades se están reorganizando y asociando; están generando otra forma de autoridad política que va a tener que competir con el Estado, mientras esté aún allí. Esto no es solo una utopía, estamos comenzando a convivir con el futuro, y hasta podemos ser derrotados, e incluso el mundo puede terminarse, pero esto no tiene vuelta atrás.

P.-S.

Publicado en: Sumak Kawsay/Buen Vivir y cambios civilizatorios, 2da Ed., Coord. Irene León, FEDAEPS, Quito, 2010, p. 55-71

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