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Al analizar los informes de 2009 del Foro Económico Mundial de Davos, saltan a la vista perturbadoras semejanzas con los diagnósticos que hemos hecho, hasta ahora, sobre la crisis económica, financiera, ambiental y energética ¿Esto quiere decir que nosotros hemos aterrizado antes de tiempo, o que el Foro Económico está aterrizando demasiado tarde? Más allá de esas semejanzas insidiosas, lo que interesa subrayar es que hay una diferencia total en la terapéutica propuesta para resolver la crisis. Para ellos, la solución es más capitalismo, un capitalismo más diferenciado, probablemente con otro papel del Estado, pero al fin más capitalismo y más de los mismos conceptos. Por nuestra parte, en cambio, vemos la necesidad urgente de actuar ahora para transformaciones de fondo, porque mañana puede ser demasiado tarde. Hay una sensación de urgencia evidenciada por las complejas realidades que la propia crisis muestra.

Antes teníamos un instrumento: la revolución. La complicación es que la revolución planteaba la idea de un cambio rápido y, simultáneamente, de una de transformación civilizatoria. Pero este modelo naufragó, la revolución hizo cambios rápidos pero no transformó la civilización. Esta paradoja sigue presente ahora: queremos cambios urgentes pero queremos también un cambio civilizatorio, lo que implica cambios históricos.

El cambio civilizatorio planteado, además de histórico y urgente, supone también profundas transformaciones y luchas contra el ‘enemigo interno’. El enemigo interno esta en las contradicciones que tenemos en nuestras cabezas y nuestros cuerpos, en las relaciones con los otros, hombres y mujeres; en las relaciones con personas de otras etnias, blancos, negros, indígenas; o las relaciones que tenemos con la naturaleza. La superación de esta contradicción es un primer nivel esencial para empezar los cambios civilizatorios.

La segunda gran dificultad radica en la discrepancia entre la tradición de la teoría y las políticas de izquierda y las prácticas transformadoras que están ocurriendo. En parte esto tiene que ver con que los actores de los cambios en curso son aquellos a quienes la izquierda prestó poca atención. Se trata de los indígenas, que han sido invisibles para toda la teoría, inclusive para la marxista [1].

Los grandes movimientos de hoy son los indígenas, los afrodescendientes, los quilombolas -en Brasil-; el movimiento de lucha por la tierra, por una justicia histórica. Está también el movimiento de las mujeres, en gran medida invisibles a lo largo del siglo XX. Esos son los invisibles de las conceptualizaciones anteriores, es lo que llamo ‘sociología de las ausencias’, son aquellos que estuvieron presentes pero no visibles. Hoy son visibles pero, aún así, la teoría persiste en no tomarlos en cuenta, se siente incómoda frente a ellos.

Por eso mismo, la teoría no está al frente en este momento, tiende a ir atrás, porque la práctica es más transformadora y creativa que ella. Por lo tanto, tenemos que partir de una idea de humildad, que se entronca con aquello que un sabio llamó ‘ecología de saberes’, pues los conocimientos teóricos y científicos apenas son uno de los conocimientos vigentes en el mundo. El conocimiento popular, de las mujeres, de los indígenas, de las comunidades urbanas, es un conocimiento tan valioso como el teórico. Pero para emprender esta transformación tenemos que desaprender, tenemos que hacer un esfuerzo interno de abrirnos a otras realidades de conocimiento.

En Bolivia, las utopías construidas han sido concretas, esto se refleja en la nueva Constitución, que define un modelo económico en torno al Sumaq Qamaña , noción aymara que corresponde al Sumak Kawsay de los quichuas, que está, a su vez, en la Constitución del Ecuador: el Buen Vivir. Es otro régimen económico, hay otra concepción que va más allá del ‘desarrollo’, concepto que ya está siendo rebatido en estos países.

El concepto es este: Sumak Kawsay, nombrado así, en su enunciación nativa, pues es sumamente importante que en nuestros movimientos progresistas comencemos a utilizar las lenguas no coloniales. Hablemos entonces de Sumak Kawsay, de Sumaq Qamaña. Se trata del Vivir Bien, un concepto de comunidad donde nadie puede ganar si su vecino no gana. La concepción capitalista es exactamente lo opuesto: para que yo gane, el resto del mundo tiene que perder. No hay ganancia sin pérdida: si vamos al tribunal alguien gana, otro pierde. Pero hay que intentar imaginar un modelo diferente de economía y de sociedad, con otra concepción de naturaleza.

De ahí la opción: o China o Sumak Kawsay. ¿Por qué China? Porque el G8, el Banco Mundial -en cuya eliminación deberíamos insistir porque ha robado a lo largo de estos años y no ha dado indemnización a nadie por sus errores- imploran a los chinos: por favor consuman, por favor gasten, porque si no gastan la economía mundial se va a hundir. Las instituciones internacionales saben -pues no son ingenuos- que si los chinos tuvieran el mismo patrón de consumo, el mismo modelo de consumo vigente en los Estados Unidos y Europa, necesitaríamos tres planetas para sostener el único planeta que tenemos. Esto se llama fraude, porque el capitalismo sólo ve a corto plazo, no es capaz de pensar a largo plazo si no es en términos autodestructivos. Por lo tanto debemos tomar una posición: o China o Sumak Kawsay.

La Constitución del Ecuador reconoce ‘derechos a la naturaleza’. Los debates previos a este reconocimiento fueron profundos, pues hasta aquí la naturaleza era vista como un objeto, un recurso natural. El concepto de derechos de la naturaleza refiere a la Pachamama, a la Madre Tierra, tiene que ver con una cosmovisión que se construye de interrelaciones. Esta visión está presente también en otras culturas: en África existen los mismos conceptos, en América del Norte los indígenas Sami reconocen a la naturaleza como la Madre Tierra. Es por eso que los indígenas Sarayacu de Ecuador o los indígenas de la Sierra Nevada del Cocuy en Colombia, dicen que extraer el petróleo de sus tierras es extraer su sangre, o sea la sangre de la tierra ligada a la sangre de las personas. Es otra concepción.

Por lo tanto, es importante comenzar a pensar en una alternativa. Esta alternativa está en camino, pero con dificultades. La primera dificultad radica en el intento de construir lo nuevo a partir de lo viejo. Basta con considerar los idiomas, que son una dimensión de aquello que existe. Y debemos pensar lo nuevo a partir de lo viejo.

Una de las cosas más importantes en este momento es que la crisis del neoliberalismo -o el fraude del neoliberalismo como dice Aníbal Quijano-, va a traer de regreso al Estado como solución. Durante los últimos 30 años el Estado era un problema para el Banco Mundial, para el FMI, la solución era la sociedad civil, que para ellos era el mercado, básicamente. El Estado era un problema. Por eso los países de América Latina, de África y de Asia durante 30 años pidieron las políticas que hoy los Estados Unidos y Europa van a aplicar; durante 30 años pidieron más control de la economía, nacionalización de bancos, todo eso fue prohibido. Hoy Portugal España, Inglaterra, Estados Unidos nacionalizan bancos. Es el ‘socialismo’ de los ricos, obviamente. Y por lo tanto para estos otros países nada quedó.

Ahora bien, estamos en una posición nueva del Estado. En primer lugar, el Estado debe tener un papel central en la conducción económica, porque es a su nivel que se construyeron los instrumentos democráticos de lucha contra la opresión, las luchas políticas más densas. Obviamente queremos luchas globales, pero tenemos que partir del núcleo duro político que es el Estado. Pero si el Estado va a tener este papel, entonces se tiene que transformar completamente. No puede ser el Estado que conocemos, tiene que ser uno profundamente democratizado, porque si el Estado va a tener un papel en la economía requerimos de democracia económica. De qué sirve tener el Banco del Desarrollo del Brasil [2] que es el mayor banco de inversión del mundo, si éste solo financia el agronegocio, la cría de ganado desde un punto de vista capitalista. Las decisiones económicas del Brasil no pasan por la democracia, pasan por un pequeño grupo, junto con Lula, el Banco Central y el BNDES, esto no es democracia.

Siendo así ¿qué podemos hacer? Una medida muy concreta, tanto para Ecuador como para Bolivia u otros países, es crear consejos nacionales de inversión pública. Hoy estamos en una trampa, tenemos democracia representativa, y algunas veces en este continente democracia participativa, pero usualmente a nivel local, en los municipios, en los presupuestos locales participativos. En Brasil, por ejemplo, los consejos municipales y los consejos estatales hacen un trabajo notable en salud, educación, sólo que no van a los consejos nacionales con la misma fuerza, por lo tanto el pueblo gana en lo local lo que pierde a nivel nacional. O sea, recibe las migajas, nada más.

En los casos de Ecuador y de Bolivia las situaciones son distintas. Allí, luego de la elaboración de constituciones avanzadas, está presente el reto de ponerlas en práctica. En ese contexto los movimientos sociales tienen que estar a la vez en la calle y en el gabinete. El proceso de este continente es muy contradictorio: por un lado, avanzan más las formas de democracia participativa, pero por otro, los cambios en algunos conceptos del desarrollo toman su tiempo.

En Bolivia se tomó una decisión política trascendental a través de una consulta popular: ¿ustedes quieren que el tamaño máximo de propiedad de la tierra sea 5 mil hectáreas o sea 10 mil hectáreas? El 80% de los bolivianos respondieron 5 mil hectáreas, o sea se pronunciaron contra la concentración de tierras, contra la desigualdad social, contra una sociedad excluyente, a favor de la agricultura familiar, a favor de las energías renovables. Los pueblos indígenas de Bolivia van a tener el control total de las energías renovables, infelizmente no van a tenerlo sobre las energías no renovables. Pero es un camino.

Por lo tanto, este es un momento de enormes exigencias para los movimientos sociales. Está, por un lado, la posibilidad de aprovechar este momento de desestructuración del capitalismo neoliberal para poder traer alternativas. Es muy importante la lucha que se ha venido dando en Venezuela, es muy importante la experiencia de Cuba. Hay reflexiones de fondo: el número de la revista Casa de las Américas sobre la celebración de los 50 años de la revolución cubana, hace una reflexión crítica, polémica, sin asombro critica los errores que se cometieron en ese medio siglo, para poder rescatar lo que de nuevo puede ser. Y Cuba apuesta, en este momento, a una posición de querer aprender con las otras grandes energías transformadoras que ocurrieron en el continente. Es esta nueva forma de integración que se está forjando. Es un nuevo pensamiento, una nueva práctica y todos nosotros debemos colaborar en ella con humildad, con entusiasmo, con ilusión, porque sin ilusión no vamos a ningún lado.

Nelsa Nespolo, una gran activista de la economía solidaria, señalaba que en Brasil las mujeres conformaron cooperativas como una alternativa contra la violencia doméstica, como una iniciativa de sobrevivencia de las mujeres. Esas prácticas fueron invisibles durante mucho tiempo, pero es justamente con esas ilusiones que se puede transformar el mundo, no es solo con razones frías, porque una razón fría es mejor ponerla en el congelador, la razón tiene que ser caliente, tiene que ser racional pero llena de afecto, de ilusión y de entusiasmo.

Un reto importante ahora es intentar salir de los ‘nidos’ de cada movimiento, y llevar realmente adelante una gran alianza, que tiene que ser creada sin dogmatismos, sin exclusiones, porque de las exclusiones fuimos víctimas -y a veces actores- durante demasiado tiempo. Por lo tanto, tenemos en mente que a través de un esfuerzo mucho más amplio de alianza, con la cabeza clara y el corazón abierto, podremos aprovechar esta oportunidad y transformar el mundo en una exigencia emancipatoria, reinventada y recreada.

Las luchas en el continente

Hay dos aspectos del contexto latinoamericano que son muy importantes y que realmente le dan una característica propia y única en el mundo. América Latina es la región que está más adelantada en la lucha antiimperialista y en la lucha por alternativas al libre comercio. Pero también América Latina está en medio del reto de encaminar cambios con estrategias que combinen luchas ofensivas con luchas defensivas. En este continente tenemos luchas ofensivas, que no son necesariamente luchas socialistas, pueden tener una vocación socialista, pero son luchas por un cambio radical transformador de la sociedad. En estos planteos la transformación del Estado es la solución, eso lo vemos en Ecuador, en Bolivia y en Venezuela, vemos varias instancias de luchas ofensivas por otros modelos de sociedad. La Revolución Bolivariana, la Revolución Ciudadana en el Ecuador, el Estado Comunitario Social y Plurinacional de Bolivia, colocan en el escenario diferentes luchas, donde podemos decir que hay un cambio estructural que está en curso.

Al mismo tiempo, no hay que olvidar que también en este continente hay muchas luchas defensivas, por defender lo conquistado, ya que. en este momento se está intentando liquidar las conquistas democráticas de la última década. Eso de varias formas: no es simplemente el golpismo, es también lo que llamo la ‘contrarrevolución jurídica’, por ejemplo en Brasil o en Perú, donde las conquistas populares y políticas están siendo anuladas por sentencias de la Corte de Justicia. Es también el intento de criminalizar la protesta social también desde el poder judicial, como es el caso de la propuesta de la Fiscalía de Brasil de convertir al MST -Movimiento Sin Tierra-, uno de los movimientos más importantes de este continente, en una organización terrorista.

Está el paramilitarismo, que no está presente sólo en Colombia, sino también en Venezuela, en Bolivia, en varias partes. Es un golpismo que busca efectivamente de varias formas liquidar las conquistas de la década. Hay entonces un enfrentamiento entre las luchas ofensivas y las luchas defensivas, y las dos son articuladas; siendo así, es preciso notar que cuando impulsamos luchas ofensivas no podemos perder de vista también las luchas defensivas.

En ese sentido es interesante recordar a uno de los grandes marxistas de este continente, José Carlos Mariátegui, quien en 1923, cuando visitó Italia, dijo que la democracia representativa liberal de Europa tiene dos enemigos que se enfrentan desde fuera con la democracia: el socialismo y el fascismo, y los dos van por fuera de la democracia intentando liquidarla. Nuestra diferencia en relación a Mariátegui, ahora es que los dos se enfrentan no desde fuera, sino desde dentro. O sea, la democracia está siendo radicalizada por las fuerzas socialistas en varios países del continente; pero no podemos olvidar que las fuerzas fascistas están utilizando también la democracia para liquidar estas luchas. La bandera de la autonomía indígena en Bolivia fue apropiada por la derecha de Santa Cruz, este es un ejemplo muy fuerte de cómo estos dos enemigos luchan dentro de la democracia, lo que muestra que el proceso democrático se está transformando radicalmente y no es, de ninguna manera, una democracia liberal.

El debate civilizatorio

El otro elemento muy importante para analizar es el debate civilizatorio planteado en América Latina. Tenemos en el continente nada menos que un debate civilizatorio. No es simplemente una transición del capitalismo al socialismo, es otra cosa mucho más amplia, o distinta por lo menos. Claro que este debate civilizatorio está en el continente desde la conquista, sopla con la conquista, fue suprimido con la destrucción de las culturas diversas indígenas, ancestrales de este continente. Pero debido a una lucha tenaz, sobre todo en los últimos 30 años -algunas son mucho más antiguas-, el movimiento indígena, el movimiento afrodescendiente, han logrado realmente rescatar esta diversidad cultural y eso ha permitido ampliar un debate que no existe en otro continente.

Es un debate de diferentes cosmovisiones, de diferentes concepciones de desarrollo, de diferentes concepciones del Estado pero que están intentando dialogar. Es un diálogo muy difícil, pero no es el choque de civilizaciones de Samuel Huntington, es otra cosa. Es la posibilidad de un diálogo nuevo, difícil, pero posible. Las constituciones nuevas, este constitucionalismo transformador del continente, dan cuenta ya de estas posibilidades de diálogo. Los contenidos de las constituciones de Bolivia y de Ecuador provienen de un gran debate civilizatorio. ¿Cómo podríamos nosotros pensar que los pueblos olvidados, los pobres ignorantes, inferiores, como eran los indígenas, tendrían una presencia conceptual en esta Constitución de Ecuador tan fuerte, que es orgullo de todos los progresistas del mundo? ¿De dónde viene la palabra Pachamama, de dónde viene el Sumak Kawsay que nosotros nos apropiamos? Estamos aprendiendo de ellos y esa es la gran riqueza de este debate civilizatorio.

Por eso no hay una transición en el continente, hay dos. La transición del capitalismo al socialismo y la transición del colonialismo a la autodeterminación, al fin del racismo, a la posibilidad que tenemos de la convivencia de diferentes nacionalidades dentro del mismo Estado. Y aquí empiezan los problemas de la soberanía.

Otro argumento muy simple y, a la vez, muy difícil de fundamentar, es el de la plurinacionalidad adoptada en estos países. No hay un concepto de nación, hay dos conceptos de nación y no hay necesariamente un conflicto entre ellos. La concepción de nación cívica, de origen liberal, ciudadana, -todos somos ecuatorianos, somos bolivianos, somos brasileños, somos portugueses- este era el concepto liberal de la ciudadanía y de la nación cívica, geopolítica. Pero hay un concepto étnico-cultural que ha sido reivindicado no solamente en Ecuador –también en Etiopía, en Nueva Zelanda, en Canadá, en Bélgica, en Suiza-, que es la posibilidad de otro tipo de nacionalidad. Una nacionalidad que tiene raíces étnico-culturales y que no colisiona, no crea un conflicto con el primer concepto de nación. Porque los pueblos indígenas y los pueblos afrodescendientes de este continente han luchado por la autodeterminación pero nunca por la independencia. Desde hace tiempo no es independencia lo que quieren, es el reconocimiento de sus naciones.

Por eso el movimiento indígena de Bolivia, de Ecuador, de Perú, que lucharon por su país, murieron por su país en las guerras de la independencia, en las luchas después de la independencia, son ecuatorianos, son peruanos, son colombianos, pero son también aymaras, son quichuas, son shuar. No hay necesariamente un conflicto, al contrario, se refuerza la idea de una nacionalidad más fuerte, hecha de las diversidades.

Soberanía y participación

Hay dos grandes novedades que Ecuador trae al mundo. La primera es que la Revolución Ciudadana no es revolución ciudadana liberal, porque hay diferentes formas de ciudadanía: la ciudadanía individual y la ciudadanía de los pueblos originarios y sus organizaciones ancestrales. Son nacionalidades, identidades que se juntan a un proyecto nacional, que es el proyecto de su país, pero con sus reglas de pertenencia, con sus formas ancestrales, con su derecho, con sus autonomías que de ninguna manera hacen peligrar la nación sino que la refuerzan.

Entonces, la idea es que la soberanía se está reforzando en el continente, y probablemente en el continente no hay ningún país que simbolice tanto como Ecuador la reivindicación de la soberanía: Expulsó a la base militar estadounidense de Manta; realizó una auditoria de la deuda externa; se rehusó a negociar tratados de libre comercio con los Estados Unidos y cerró la negociación CAN–UE, y otros. En otras palabras, hay todo un movimiento en este país por su soberanía, por su nacionalismo. Hay un nacionalismo nuevo, de izquierda, que es plurinacional, que se conjuga con la diversidad y la participación ciudadana lo que da la riqueza al proceso. Tenemos que reconocer que hay diferentes formas de participación, según las reglas de diferentes juegos, dentro del marco constitucional asumido.

La combinación de estas dos transiciones: de capitalismo al socialismo y de colonialismo a la autodeterminación, es lo que define al Socialismo del Buen Vivir que apunta a la descolonización, al fin del racismo, al fin del exterminio. Esto nos lleva a otras concepciones de democracia. La Constitución de Bolivia dice que hay tres formas de democracia. Esto enriquece la teoría que vino del Norte, por eso necesitamos teorías del Sur. Habla de la democracia representativa, la participativa y la comunitaria. Diferentes formas democráticas que van a enriquecer las formas de participación, porque éstas se juntan y no están en contra de la democracia representativa, la enriquecen. ¿Por qué? porque la democracia representativa es liberal y no se defiende de las fuerzas fascistas como hemos visto miles de veces en este continente y en Europa. Por eso es necesario tener fuerzas, formas radicales, revolucionarias de democracia, que son las que surgen de estas luchas, que nos obligan además, a diferentes concepciones de tiempo.

La transición del capitalismo al socialismo tiene una duración de 200 años, podríamos decir, en su forma más madura. La transición del colonialismo a la descolonización fue de larga duración desde la conquista. En estos procesos de de larga duración los pueblos se afirman de manera distinta, sin embargo muy poco se habla de los pueblos indígenas, de su papel, de su rol protagónico en muchos de estos procesos. ¿Por qué? porque la presencia de los pueblos indígenas no se puede medir según los criterios cuantitativos de democracia representativa por la simple razón de que cuantos menos son, más preciosos son. Porque cuantos menos son, más fuerte fue el genocidio, más los mataron y por eso más importantes son, preciosos hoy para la justicia histórica. No estamos hablando de justicia racial, estamos hablando de justicia histórica. Por eso la riqueza de los procesos constitucionales de Bolivia y Ecuador en este rescate de la justicia. No es solamente la justicia social, es también una justicia histórica y así se hace una transición mucho más fuerte hacia otra forma de vida.

El segundo argumento es que el Ecuador está a punto de cumplir uno de los postulados del programa de Alianza País: llegar a ser la primera potencia ambiental del mundo. No sin dificultades ha logrado colocar la propuesta Yasuní – ITT, que es una de no extractivismo, en el debate internacional, y sacarla adelante como una alternativa al calentamiento global. Estas son iniciativas que preceden a la transformación de los conceptos.

Desde el punto de vista analítico, el propio concepto de los Derechos de la Pachamama, implica una mezcla, resulta de una ecología de saberes: el saber ancestral con el saber moderno, eurocéntrico, progresista. Es una hibridación entre el lenguaje del derecho y el lenguaje proveniente de la cosmovisión indígena, pues en esta última el concepto de derecho es más bien uno de deberes. Derechos de la Pachamama es una mezcla maravillosa entre pensamiento eurocéntrico y pensamiento ancestral; ésta es la riqueza que no podemos desperdiciar. Es la riqueza del capital social organizativo de esta diversidad. Si se desperdicia esa fuerza ahora que existe la plurinacionalidad en la Constitución, va a ser una pérdida de décadas, algo irrecuperable. En Bolivia ocurre exactamente lo mismo.

Para concluir, no basta con criticar la teoría. Hay que criticar esas teorías pero también hay que crear otras. Ya no necesitamos teorías de vanguardia, necesitamos teorías de retaguardia para acompañar la riqueza del movimiento social. Pero además, es necesario desaprender algunas cosas que aprendimos para poder crear espacios, porque mucha gente está hablando de Sumak Kawsay pero después combina Sumak Kawsay con neoextractivismo, con productivismo selvático, no se puede, las dos cosas no van juntas.

Es necesario desaprender y ver cómo crear un futuro que recoja lo ancestral. La modernidad occidental nunca supo hacerlo, pues ve el futuro siempre adelante, no atrás. Pero ahora estamos hablando de rescatar el pasado como forma de un futuro más respetuoso de la diversidad de este continente. Esta es la riqueza del Socialismo del Buen Vivir, que quizá es una expresión más linda que del Siglo XXI, porque a veces, el socialismo del Siglo XXI se parece mucho al del siglo XX, mientras que cuando se habla del Socialismo del Buen Vivir no hay confusión posible: es una cosa nueva que está surgiendo.

P.-S.

Publicado en: Sumak Kawsay/Buen Vivir y cambios civilizatorios, 2da Ed., Coord. Irene León, FEDAEPS, Quito, 2010, p. 13-25

Notas

[1] Pese a que uno los grandes renovadores del pensamiento marxista, el peruano José Carlos Mariátegui, introdujo la cuestión indígena, pero fue inmediatamente acusado por el Comintern de América Latina de ‘populista y romántico’, lo que en aquel contexto equivalía a ser liquidado políticamente.

[2] BNDES, por sus siglas en portugués.

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