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04-08-2011

Wallerstein en Ecuador

Los movimientos sociales y las tensiones entre las izquierdas

Roberto Sánchez

Immanuel Wallerstein es uno de los más destacados representantes del pensamiento crítico contemporáneo y activista comprometido con los movimientos sociales. Su teoría analiza las relaciones históricas, económicas y culturales para comprender la hegemonía del capitalismo dentro de un complejo “sistema-mundo”. En su reciente visita a Ecuador, el académico norteamericano aprovechó su estadía en Quito para reunirse y conversar con un grupo de representantes de los movimientos sociales en la Cooperativa Alianza Solidaridad de Quitumbe. Esta cita la consideró muy valiosa porque le permitió conocer de primera mano la problemática de la realidad ecuatoriana.

Wallerstein considera que “todo progreso en el mundo pasa por los movimientos sociales” y destaca que “sin ellos no hay posibilidad de un cambio serio en el mundo”. Esto resulta importante tenerlo en cuenta porque estamos en una época de transición en la que va a desaparecer el actual sistema capitalista mundial y "en los próximos 20 o 30 años no sabemos que lo reemplazará". El mundo podría llegar a ser más negativo que el actual o podríamos avanzar hacia un mundo más progresista, relativamente más democrático e igualitario.

En este contexto Wallerstein considera que Ecuador es un país muy interesante por sus esfuerzos para construir un programa de centro izquierda en el seno de América del Sur. Asimismo, señala que “todos los gobiernos con características de izquierda encuentran dificultades internas frente a elementos de la derecha que no aceptan esta visión y tratan de diversas maneras de destituir estos gobiernos”.

Pero al mismo tiempo Wallerstein indica que Ecuador y todos los países que giraron a la izquierda, se enfrentan al problema que él llama de “las dos izquierdas”. Por un lado está “la izquierda más tradicional que trata de tomar el poder estatal y utiliza este poder para transformar internamente y externamente la situación. Y de otro lado tenemos la izquierda que representa los intereses de los pueblos olvidados tradicionalmente como los movimientos feministas, los movimientos ecologistas, los movimientos indígenas, etc.” Pero lamentablemente no hay una comprensión total entre estas dos izquierdas.

Para explicar el origen del problema, el académico se remonta al último tercio del siglo XIX en que se constituyeron los movimientos que actualmente denominamos la vieja izquierda. Wallerstein indica que los “movimientos socialistas en múltiples países pensaban que la lucha de clases era lo esencial y que debían tomar el poder del Estado para transformar el país del capitalismo al socialismo. Asimismo, en un gran número de países colonizados existían movimientos nacionalistas que luchaban por la independencia de su país”.

Estos movimientos fueron de carácter vertical. Explica que “los movimientos denominados socialdemócrata, comunista o nacionalista decían a todo el mundo que únicamente un movimiento debía hacer la lucha y que toda la gente debía asociarse a ese movimiento. Si había un grupo de mujeres, un grupo de jóvenes o gente luchando por la paz, debían ser incluidos en este movimiento y sometidos a una estructura vertical que resistía a la permisibilidad de otros movimientos”.

Estos movimientos se fortalecieron sobre todo después de la segunda guerra mundial. Wallerstein considera que “en el periodo más o menos comprendido entre 1945 y 1970 estos movimientos lograron tomar el poder. Un tercio del mundo fue comunista, un tercio del mundo fue más o menos socialdemócrata en occidente y un tercio del mundo logró su independencia colonial”. Además, agrega que en el caso de América Latina “los movimientos populistas tuvieron las mismas características que los movimientos de la vieja izquierda”.

Sin embargo, Wallerstein remarca que con la revolución del 68 se forjaron nuevos movimiento que resistían “a la dominación mundial de los Estados Unidos, a lo que denominaban la colusión de la Unión Soviética y a la vieja izquierda”. Estos revolucionarios argumentaban que los antiguos movimientos lograron el primer paso de tomar el poder pero que no cambiaron el mundo porque seguía siendo esencialmente el mismo.

El investigador considera que “desde ese momento entramos a una nueva situación porque los movimientos sociales resistieron a la lógica de los movimientos verticales insistiendo que no se les permitía trabajar por la liberación de las mujeres, los problemas ecológicos, los problemas sexuales, etc.” Los nuevos movimientos sociales consideraban que sus demandas eran tan importantes como las otras y proponían una visión horizontal y no una visión vertical.

Así Wallerstein observa que se origina el problema de las dos izquierdas mundiales. Por un lado, todos los partidos políticos del mundo tienen la necesidad de luchar por el poder estatal, ocupar puestos con gente, inevitablemente piensan que lo importante es gobernar. Mientras que los otros movimientos lograron crear el Foro Social Mundial, que en su proceso de constitución da la bienvenida a todos los movimientos sociales contra el neoliberalismo y contra el imperialismo en todas sus formas, pero no invitan a los partidos.

¿Quiénes son estos movimientos sociales en el Foro Social Mundial? “Hay movimientos de mujeres, movimientos ecologistas, movimientos para la paz, movimientos para los derechos de homosexuales, movimientos indígenas, etc. Una de las contribuciones del Foro es la posibilidad de discusión a través de los movimientos sin exclusión, un esfuerzo por comprender las prioridades de los diferentes movimientos. El Foro Social Mundial es a mi juicio una cosa muy importante para el progresismo, para el futuro de la izquierda, de la democracia, de un mundo igualitario”, destaca Wallerstein.

El reto más importante de las izquierdas es resolver la tensión inevitable entre estas ideas horizontales y las tendencias que continúan existiendo de verticalismo. ¿Cómo podemos superar la tensión?, ¿cómo podemos realizar una transformación de nuestras mentalidades? Para Wallerstein, “podemos encontrar una respuesta en lo que significa el Buen Vivir, como una reflexión en la que debemos trabajar juntos con un espíritu abierto, como un espíritu de esfuerzo para comprender a los otros entre nosotros”.

De esta manera Wallerstein espera que Ecuador y los países progresistas puedan resolver esta tensión porque “no se puede permitir que el conflicto de apreciación entre estas dos izquierdas rompan las posibilidades de progreso importante”. Menos aún en la actual coyuntura en la que vuelven a emerger en el norte movimientos xenófobos y conservadores. Para el investigador en el mundo global hay una lucha enorme entre lo que llama "el espíritu de Davos y el espíritu de Porto Alegre". En este contexto "el futuro depende de nosotros porque cada uno de nosotros, en cada momento de su vida, hace algo que empuja las tendencias en una dirección o en otra”.


La visita de Wallerstein a Ecuador fue posible gracias a la iniciativa de la Fundación de Estudios, Acción y Participación Social (FEDAEPS) y al Instituto de Altos Estudios Nacionales (IAEN), que le entregó el grado de doctor honoris causa por su valiosa contribución al desarrollo de las ciencias sociales.

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