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10-08-2011

Afrodescendientes del Uruguay

La hora de ejercer ciudadanía efectiva

Por Susana Andrade

Ignorando el aporte afro-aborigen y refiriéndose a los inmigrantes europeos, se dice popularmente que el germen de la sociedad uruguaya en su gran mayoría bajó de los barcos.

Con dolor debemos decir que también de los barcos negreros.

Pueblo africano traído contra su voluntad en forma cruenta, secuestrados con destino a ser piezas de mercancía, mano de obra gratuita al servicio de colonizadores que de esta forma hicieron fortunas incontables con las que hoy, su descendencia continúa imponiendo poderío económico, social y cultural.

Si bien no hay cifras exactas sobre las víctimas de las atrocidades cometidas en el llamado “comercio triangular” o sangriento tráfico esclavista entre Europa, África y América, expertos estiman que entre el siglo XVI y XIX, un total de cien millones de personas fueron desterradas. Durante el trasiego, aproximadamente la mitad murió de enfermedades físicas, asesinados o de simple tristeza.

Un primer paso adelante

Actualmente en Uruguay casi un diez por ciento son afrodescendientes.

Más de la mitad viven bajo la línea de pobreza, a igual trabajo se les paga treinta y cinco por ciento menos y las más perjudicadas del colectivo son las mujeres afro, predominantemente subempleadas o trabajadoras del sector doméstico. Hay acentuada deserción educativa en infancia y adolescencia, morimos en edades más tempranas, raramente se llega a niveles universitarios y la representatividad en sectores gubernamentales de relevancia política es excepcional.

Aún persisten desigualdades pues las desventajas son históricas y cinco veces centenarias, sin embargo, y a pesar de problemas operativos y de presupuesto entre otros, la administración progresista puso en marcha una unidad de desarrollo de la comunidad negra en la capital y una secretaría de la mujer afro en lo nacional.

El Plan Nacional contra el Racismo y la Discriminación, en fase diagnóstico y propuestas, llevado adelante por los ministerios de Desarrollo Social y de Cultura en el Área de Derechos Humanos ha concluido, incluso en medio de críticas de cierta parte de la sociedad civil afrodescendiente. Iniciativa inédita a nivel de Gobierno de la cual damos lectura positiva esperando se traduzca en acciones concretas. La propia actividad y sus resultados son señal de que se reconoce la existencia de la problemática discriminación en distintos ámbitos y específicamente el racismo relativo al color de la piel, a la ascendencia étnica y al tema afro en particular, dando cuenta de la preocupación oficialista por los conflictos raciales y no sólo por combatir diferencias universales entre ricos y pobres.

El Estado se ha comprometido a incorporar en todas las políticas sociales la variable etnia-raza y se ha introducido en las encuestas de hogares del Instituto Nacional de Estadística (INE) y próximamente también en el Censo Nacional.

Estar donde se toman las decisiones

Así y todo, es hora de que los negros y fundamentalmente las negras afrodescendientes ejerzamos ciudadanía efectiva en todos sus aspectos vinculados, aspirando a ocupar lugares de responsabilidad política como signo claro de pluralidad y democracia, encarando francamente a quienes pueden hacerlo posible.

Tendrán los sectores partidarios, oportunidad de posicionar a exponentes de esta parte de la identidad uruguaya escondida y ninguneada por tanto tiempo, en el próximo período electoral ya latente. Demostrar la equidad aplicándola en la interna y que exista una representatividad cabal de la negritud uruguaya en los planteles candidateables en lugares elegibles y no de adorno en las listas para quedar bien con algún distraído. Si no estamos donde se toman las decisiones -en ocasiones es solo optar por aplicar leyes y mecanismos ya existentes- quedan nuestros temas a merced de actores sin la debida sensibilidad e ignorantes hablando en términos de militancia afro.

Estos cambios se gestan en la cocina de las respectivas fracciones y no deberían flotar en el mero discurso. Si se predica libertad plena y somos rotundamente iguales, hay que ponerlo en práctica brindando sitios de trabajo gubernamental jerarquizado a personas de la diversidad cultural ciudadana, porque una democracia es pueblo. De lo contrario es como aquél que defiende la homosexualidad a menos que se trate de un hijo o hija, y entonces nos quedamos con la prédica vacía y demagógica, restringida al momento electoralista.

Que no sea raro ver a un afro en el Gobierno.

Permanecemos literalmente corridos de la vida pública por sectores dominantes que no tienen ganas de compartir ámbitos políticos.

Somos una cantidad grande de población fraguados en el trabajo social a fuerza de golpes. Algunos hasta con formación terciaria aunque tal cosa no podría ser un obstáculo reconocidas las dificultades de acceso a la educación en la colectividad afrouruguaya y los motivos estructurales de tal oprobiosa desigualdad.

Para tener las mismas oportunidades necesitamos ser ayudados especialmente pues adolecemos de desventajas endémicas como grupo social. Queremos ni más ni menos que gozar en la práctica de los mismos derechos cívicos.

Toda otra cosa será limosna.

La propia esencia de la cooperación internacional es injusta aunque la entendemos actualmente necesaria. Democratización de la pobreza, centralización de la riqueza; génesis y consecuencias para la comunidad afrodescendiente.

¡Qué título para un seminario!

Más allá de mi corazón a la izquierda, es duro enfrentar la comprensión lenta del problema específico y demoras en la instrumentación de políticas focalizadas.

Con el saludo a las mujeres por el Día de la Mujer Afrolatina, Afrocaribeña y de la Diáspora, dejo un “creo en mi Gobierno” que no significa decir amén sin reflexionar lo cual no aportaría, sino poniendo el hombro y discutiendo constructivamente para dar y pedir lo mejor a una fuerza frenteamplista que no puede, aunque quiera, resolver con urgencia tanta injusticia acumulada durante siglos en la sociedad.

Muchas preguntas hacen los organismos internacionales de Derechos Humanos y muchos son los compromisos contra el racismo y la discriminación asumidos frente al mundo en otras tantas instancias. Estado y sociedad civil organizada debemos trabajar para evacuar dichas interrogantes con acciones afirmativas indudables. Ojalá podamos contestar cada vez con mayor contundencia para que no existan informes alternativos a los oficiales. Eso tal vez sea cuando quienes tienen la potestad de decidir, actúen con voluntad política de lograr los cambios que la comunidad afrodescendiente reclama en Uruguay.

Atentos a revertir el proceso de marginalización que se autoalimenta y luchando por erradicar el síndrome de la exclusión, que sea una palmaria verdad el “cabemos todos” en tiempos venideros, sin importar si se declara o no algún Año de los Afrodescendientes como este 2011.

Estaremos aquí en carne o en espíritu para no callar estos temas.

Una canción popular nuestra dice así: “África dónde está, África dónde está! Lejos añora el negro a su tierra natal! África está en América y nunca morirá! Dónde se encuentre un negro, África vivirá!”


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