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24-11-2011

Libro

Decrecimiento para el norte crecimiento para el Sur

Wim Dierckxsens

La actual crisis mundial del capitalismo se presenta como una oportunidad para asfixiar la racionalidad capitalista y desde el Sur emerge una alternativa de cambio civilizatorio para un mundo más sustentable. Así lo sostuvo el investigador social Wim Dierckxsens durante la reciente presentación en Quito del libro “Siglo XXI: Crisis de una civilización” [1].

Explica que a partir de la crisis de los años 30, se fomentó sostenidamente la demanda efectiva de productos y una de las formas que se eligió para aumentar el consumo fue acortar la vida media de las cosas o lo que se conoce como “obsolescencia programada”. Esto quiere decir que los productos son hechos con una vida útil cada vez más limitada. El académico grafica la situación señalando que el valor de uso de muchos productos, especialmente chinos, acaba en el mismo momento de comprarlos. La consecuencia directa de esa práctica es un asalto cada vez mayor a la naturaleza, o sea, una creciente extracción de recursos naturales, contaminación medioambiental, etc.

En este proceso de depredación del planeta, el Observatorio Internacional de la Crisis estima que el 20% de la población, que concentra la demanda en el norte, es responsable del 80% de la extracción de recursos naturales explotados anualmente en el Sur. Por lo tanto, considera que es grave error culpar al Sur de la contaminación, de los desechos y de la extracción de materias primas.

Con estos patrones de consumo los recursos naturales se vuelven escasos y lo mismo ocurre con la maquinaria para la producción. Las empresas deben tener tecnología de punta, por lo tanto deben depreciar a velocidad creciente y todo se hace cada vez más una antivida: una vida tendiente a cero de lo que consumimos y de los medios de producción.

En este punto, Dierckxsens indica que las empresas llevan el costo de producción a valores cada vez más bajos y finalmente les resulta imposible sostener el costo de renovación de sus medios de producción. “La renovación se hace cara y la planilla no baja a la misma velocidad en que aumenta el costo de innovación. Eso hace que el capitalismo de hoy abandone el ámbito productivo o lo traslade a los países del sur donde todavía hay posibilidad de bajar la planilla -en comparación con los países del norte- y donde hay más recursos naturales”.

América Latina en búsqueda de alternativas

En este contexto, en el Sur surgen países como Ecuador y Bolivia que buscan mayor soberanía y autodeterminación sobre lo que ellos quieren como países. Sin embargo, también debemos tomar en cuenta que estamos insertos en un mundo capitalista y se hace muy difícil navegar como una isla, porque aunque tengas el poder local para cambiar, no tienes el poder sobre el mundo. Entonteces surge la pregunta: ¿Hacia dónde se podría apuntar para cambiar la racionalidad económica? Para el investigador, resulta importante que la región latinoamericana manifieste claramente que “nosotros queremos los recursos naturales para nuestro proyecto y no solo mejores precios al venderlos, sino tener mayor proyección propia con esto”.

Por ejemplo, cita el caso de Bolivia -que es uno pocos grandes productores de litio-, ellos “han decidido que el litio no se va en bruto, sino que va en batería, que es valor agregado”. En esa lógica, el siguiente paso sería decirle a los productores mundiales de autos eléctricos: ‘mire, si usted quiere tener esas baterías para los autos eléctricos, venga con la fábrica y haga los autos eléctricos aquí’”. Pero, para lograr eso se necesita una fuerte capacidad de negociación.

Por ello, remarca que es muy importante una fuerte integración latinoamericana para hacer “un puño en torno a un proyecto propio”, porque es difícil que un país en solitario tenga capacidad de negociación. Lamentablemente, hoy en día son los chinos quienes están recibiendo las materias primas y nosotros seguimos manteniendo una economía extractivista y vendemos con contratos a futuro los recursos naturales que tenemos en nuestros países. En este punto, “tendría que venir la definición de decir que no. No vamos a entregar los recursos así nomás”, explica el académico.

Otro ejemplo de Dierckxsens sobre el uso de los recursos naturales para nuestro propio desarrollo está sustentado en la utilización del petróleo de la amazonía como fondo de reserva para el proyecto de una moneda latinoamericana. “El petróleo del Amazonas puede ser la base, como es el oro, para nuestra moneda o sea el Sucre Latinoamericano”. Los economistas neoclásicos critican el hecho de que las reservas de petróleo no se puedan trasladar físicamente porque están bajo tierra. La respuesta, para ello, es que “tampoco se puede llevar el oro que está guardado en Fort Knox, Estados Unidos. Lo que se puede tener son certificados de posesión”.

Cuanto más pensemos en las próximas generaciones para conservar los recursos tan escasos y exijamos más para nuestro propio desarrollo a mediano plazo, eso significará decir a los europeos y estadounidenses: “ustedes tienen que moderar el tipo de consumo para que haya recursos naturales suficientes para nosotros también”.

Decrecimiento para el norte

Se ha planteado que los países del norte mantienen un estilo de vida altamente consumista, pero a la vez en los países del sur tenemos todavía “un déficit muy grande de necesidades por atender”. Sin embargo, de ninguna manera podemos aspirar a tener el “estilo de consumo norteamericano”, porque necesitaríamos la producción de “cuatro planetas y medio”, advierte Dierckxsens.

Considera que si “los valores de uso parten más de los Sujetos, de las necesidades de la población misma, estaremos en buen camino”. Este cambio hacia “productos más duraderos, de más vida, quiere decir hacer cosas que me acompañan más tiempo en la vida y el bienestar mío como consumidor no disminuye”.

Desde la óptica del capital, en términos de valor, se venderá menos y tendríamos una economía de decrecimiento. Pero, “este decrecimiento tendría que aplicarse sobre todo donde más se consume y el 80% de ese consumo está en el norte”.

Explica que de esta manera se liberaría recursos naturales para las poblaciones excluidas en el sur. Así, nos estaríamos acercando “a lo que se conoce en esta tierra (Ecuador) y en Bolivia como el Buen Vivir”. Este acercamiento al Buen Vivir no se realizaría sólo a nivel de las comunidades indígenas sino “a nivel de la humanidad”. Logrando esto, estaríamos contribuyendo al cambio de la racionalidad económica capitalista a nivel global.

Para ello, América del Sur tiene en sus manos la posibilidad de contribuir con la ruptura de la racionalidad consumista entrando a la filosofía de las comunidades indígenas, de los movimientos ecológicos, de los movimientos sin tierra en Brasil, y de tantos movimientos que están en contra de nuevas minas, nuevos megaproyectos, etc.; de esta forma los recursos naturales estarían cada vez más en nuestras manos.

Dierckxsens considera que es muy importante tener en mente esta visión estratégica porque entonces nosotros mismos nos sentiremos “empoderados en el sur para cambiar la racionalidad económica en esa dirección. Eso no significa que en el sur nos veremos obligados a decrecer. No. En el norte van a tener que decrecer para que el sur pueda crecer a partir de un mayor uso y disponibilidad de sus propios recursos naturales”.

Notas

[1] El libro Siglo XXI: Crisis de una civilización. ¿Fin de una historia o comienzo de una nueva?, editado en Ecuador por el Instituto de Altos Estudios Nacional (IAEN), fue presentado por el autor el 10 de noviembre en Quito.


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