Fedaeps  

Cambio civilizatorio

Economía Crítica

Alternativas

Resistencias

Diversidades

Feminismo

Nosotras
22-12-2011

Seminario Buen Vivir, Desarrollo y Post-desarrollo

Es un error reducir el Vivir Bien / Buen Vivir a un paradigma

fedaeps, Jiovanny Samanamud Ávila

Resumen de la exposición de Jiovanny Samanamud durante el seminario-taller Buen Vivir, Desarrollo y Post-desarrollo: acercamientos filosóficos y epistemológicos al concepto del Buen Vivir, Quito, 27 de octubre del 2011.

Más que convertir el Vivir Bien en un nuevo paradigma o una concepción teórica diferente, resulta necesaria una aproximación al Vivir Bien basada en el diálogo que nos ayude a comprender los sentidos y las experiencias a partir de los cuales se puedan generar nuevas alternativas civilizatorias.

Así reflexiona el sociólogo boliviano Jiovanny Samanamud, quien pretende ser “coherente con el horizonte de sentido no moderno del Vivir Bien”, porque desde su punto de vista no se trata simplemente de enunciar el Vivir Bien o decir que es un conjunto de valores. Más bien, tenemos que buscar la forma en que el Vivir Bien empiece a “convertirse en una fuente para resolver los cambios que la modernidad no ha podido resolver”.

Asumir este desafío tiene consecuencias que no se reducen sólo a la comprensión del Vivir Bien como un paradigma. “El problema está en cómo comprendiendo los sentidos y las experiencias del Vivir Bien dialogamos con ellas y cómo esto nos permite responder al problema de la salida de la colonización del mundo y de la vida generada por la modernidad capitalista”, explica el investigador.

Remarca que en este contexto, el diálogo con los indígenas juega un rol fundamental porque “son ellos los que están hablando ahora desde su experiencia, son ellos los que ahora plantean una alternativa civilizatoria diferente al capitalismo”. Esta postura implica pensar el Vivir Bien para la transformación y tratar de convertir la experiencia de los indígenas contemporáneos en política descolonizadora.

Samanamud considera que en este ejercicio debemos dialogar básicamente con dos elementos:

1. En primer lugar debemos recordar que el Vivir Bien aparece en Bolivia como experiencias. Aparece en los procesos de transformación institucional, en la descolonización, en la despatriarcalización, en todos los procesos plasmados en la Constitución aparece bajo la forma de experiencias. Esto hace referencia a las experiencias de organización de los pueblos indígenas que expresan en sus prácticas contemporáneas tanto en el campo, como en la ciudad, las experiencias del Vivir Bien. Advierte que la experiencia no es igual a experimentación. La experiencia es única mientras que la experimentación está sujeta a algo que se puede medir, calcular y observar. Entonces, subraya que nos estamos refiriendo a la experiencia “como la unicidad de la forma de vida que se ha mantenido a pesar del proceso de colonización y que no se ha convertido todavía en teorización”.

2. Un segundo elemento con el que es necesario dialogar es con los intelectuales indígenas. Ellos han podido manifestar lo que entienden en su propia cultura por Vivir Bien o Convivir Bien (que son las palabras más precisas con la que se está empezando a discutir esto). Estamos frente a una experiencia inédita, explica Samanamud, agregando que “desde hace 500 años nunca los indígenas han hablado con voz propia. Si bien han habido experiencias de la izquierda Latinoamérica que ha recuperado al pueblo indígena, se lo ha hecho desde la izquierda. Por ejemplo, Mariátegui ha hablado sobre los indígenas. Pero ahora son los indígenas que hablan con voz propia y desarrollan conceptualizaciones teóricas en distintos niveles”.

Entonces, tanto las experiencias de la comunidades, muchas de ellas sin mediaciones teóricas, y las concepciones teóricas de los intelectuales indígenas son fundamentales para empezar el proceso de comprensión del Vivir Bien para la transformación. Esta perspectiva lleva al investigador boliviano a encarar desde otro horizonte el problema del cambio, la revolución y la transformación.

Cambio, revolución y transformación desde la modernidad

Samanamud considera que el pensamiento de cambio, de la revolución y de la transformación no se puede responder desde la propia modernidad y que es necesario responderlo desde otra fuente, es decir, desde la experiencia del Vivir Bien. Toma en cuenta que “la revolución es un producto creado por la modernidad para salir de las consecuencias negativas de sus crisis y dilemas”. Entonces, se pregunta: ¿Desde el Vivir Bien será suficiente hablar solamente con revolución? ¿Qué es lo que el contexto de cambio, de revolución, no ha podido resolver? ¿Si nosotros dialogamos con otra fuente podemos ver de otra manera esto?

Para responder estas preguntas, en primer lugar, el intelectual boliviano se cuestiona si nosotros como generación, por mucha acumulación de conocimiento que tengamos, seremos capaces de ¿resolver mejor los problemas que la generación anterior? Considera que “nosotros no podemos sostener que el desarrollo de nuestras teorías, el desarrollo de nuestras ciencias, de nuestra tecnología, nos garantice en sí mismo mejorar los problemas que han sido creados por la sociedad anteriormente”. Es decir, “no somos mejores que las generaciones anteriores”. Esto tiene importantes consecuencias porque quiere decir que cualquier alternativa no puede traducirse en una reproducción técnica. “No puede, por lo tanto, convertirse en un paradigma, porque el paradigma puede ser aplicado en cualquier contexto, bajo cualquier circunstancia y eso ha sido demostrado que es insostenible”, por lo menos si uno quiere cambiar, transformar y revolucionar la realidad. Esta es la primera dificultad que la propia modernidad, en términos de su pensamiento de revolución, no puede resolver.

Un segundo elemento, que también llega a través del diagnóstico de la propia modernidad, es que “la realidad misma está hecha por las propias autocomprensiones de los sujetos”. Eso hace muy difícil cualquier proyecto de revolución y de transformación pueda venir desde arriba, desde una teoría o desde la ciencia misma. Esta autocomprensión de los sujetos de la realidad, es parte de la realidad, y aunque ese ha sido un diagnóstico de las ciencias sociales y de las ciencias exactas, la propia modernidad no puede resolver eso cuando quiere transformar la realidad. No puede resolver ese problema. Es decir, quien quiera resolver este problema partiendo de la propia modernidad no va a poder resolverlo.

Un tercer elemento, que le parece fundamental al sociólogo boliviano, es que siempre los que queremos construir un proyecto de revolución, de transformación y de cambio social, observamos que las cosas están tan conectadas que es imposible una salida única y por “fuera-de”. Es decir, estamos tan conectados y vinculados que cualquier alternativa, cualquier salida no puede prescindir de la relacionalidad de la vida.

Estas tres cuestiones son sumamente importantes tenerlas en cuenta porque con esos antecedentes podemos comprender que desde el diálogo con el Vivir Bien debemos responder de otra manera a los problemas de transformación que nos planteamos.

El problema de la conciencia, temporalidad, vida y muerte

Con estos antecedentes resulta fundamental poner en consideración el tema de la conciencia. Para Samanamud la concepción de revolución de la modernidad se ampara en la conciencia histórica, que lleva en si mismo todo lo que nosotros conocemos ahora como desarrollo y evolución. Es decir, una especie de tomar conciencia sobre la realidad pensando que el conocimiento sobre esa realidad es suficiente para cambiarla, una “conciencia-de”, que quiere decir, que conociendo el presente, conociendo la realidad es posible garantizar la transformación de la realidad. Entonces, ¿Desde el Vivir Bien se puede entender la conciencia cómo una conciencia histórica? ¿Se puede pensar que para cambiar la realidad depende solo de esa conciencia histórica? ¿O hay una conciencia no histórica? ¿Qué significaría ampararse en una conciencia no histórica para emprender un proceso de transformación? Esa es una respuesta que tiene que salir del diálogo con el Vivir Bien, una búsqueda de una conciencia no histórica que permita la transformación.

Otro asunto que altera la manera de cambiar y comprender el mundo, es la relación pasado, presente y futuro en las concepciones de revolución y de transformación. No se puede considerar al Vivir Bien como un proyecto que necesariamente tiene que convertirse en fases sucesivas de progreso. ¿No será que el Vivir Bien nos expresa la temporalidad del presente que ya no puede pensarse en términos de pasado, presente, futuro como una linealidad? ¿La temporalidad del Vivir Bien es una temporalidad de una eternidad del presente? Samanamud considera que estas preguntas son fundamental entender el Vivir Bien. Explica que una conciencia de temporalidad que no tiene esa linealidad de pasado, presente, futuro, no convierte a la revolución en una teodicea, que es lo que solemos hacer muchas veces en nuestros gobiernos. Es decir, “pensar que la infelicidad del presente garantiza la felicidad del futuro, esa es la teodicea que está presente en el espíritu revolucionario que es necesario descolonizar desde el Vivir Bien”.

Asimismo, plantea que la relación de la vida con la muerte es diferente desde el Vivir Bien. El mundo actual no quiere morir, se resiste a morir. “La idea de construir un sujeto perfecto en torno a la física, la química y todas las ciencias duras es en el fondo la necesidad de no morir”. Occidente construye su necesidad de vida, su concepción del mundo, su técnica en función del miedo a la muerte y, según el investigador boliviano, desde el Vivir Bien ese problema no existe. Eso es fundamental para entender armonía con la naturaleza. ¿Cuál es nuestra relación con la muerte? ¿Cómo entendemos como seres humanos la muerte? ¿Esta conciencia es básica en la concepción del Vivir Bien? ¿El Vivir Bien plantea una distinta manera de entender la relación vida/muerte? Si no entendemos de manera diferente difícilmente podremos entender las cosas como la complementariedad, hablar de la reciprocidad. No es lo mismo hablar de la complementariedad en un contexto capitalista que se llena la boca para no morir, que hablar de complementariedad en un contexto donde no existe la muerte. El sociólogo boliviano cita que, por ejemplo, en el caso de Bolivia, en términos políticos existe lo que llaman el Tinku, que es un momento de encuentro, de lucha, incluso de muerte porque así se resuelve la vida. Estas concepciones hacen más complejo el tema para nosotros occidentales, acostumbrados a eternizar la vida, acostumbrados a consumir lo que nos va a dejar una juventud eterna, que es la base fundamental del sistema capitalista.

Finalmente, a modo de reflexión, Samanamud señala que el siglo XX pensó el cambio desde la revolución dialécticamente. Ahora, es otra cosa pensar el cambio, la revolución, la descolonización desde el Vivir Bien. Si somos consecuentes con la concepción del Vivir Bien, más allá de crear nuevos paradigmas, nuevas teorías, nuevas visiones, hay que producir pensamiento que inspire, no modelos que respondan a categorías predefinidas. Entonces, aquí surge la necesidad del diálogo con las experiencias de los pueblos indígenas, a pesar que actualmente viven en relaciones con el mercado, esa realidad todavía es presente, todavía es visible y ahí está como conciencia de una temporalidad distinta que plantea alternativas de cambio civilizatorio.


Fedaeps - Fundación de Estudios, Acción y Participación Social
Av. 12 de Octubre N18-24, oficina 203, Quito, Ecuador • (593 2) 255 9999 • info@fedaeps.org