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09-04-2013

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Elecciones en Venezuela: lecturas y aprendizajes

Irene León

Ponencia presentada durante el panel: Elecciones en Venezuela: lecturas y Aprendizajes, Quito, noviembre 2012

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El proceso y el evento electoral presidencial que celebró el pueblo venezolano en octubre de 2012 fue uno de repercusión mundial, no sólo por la importancia que ha ganado la República Bolivariana de Venezuela como actora clave en la construcción de un mundo multipolar, sino también porque las definiciones políticas y geopolíticas planteadas, como parte de la agenda programática de la Revolución Bolivariana, conllevan una mirada democratizadora y anticapitalista, que no deja indiferente a ningún poder mundial.

El mundo entero conoció de las elecciones venezolanas y no pocos/as se involucraron en el debate sobre las implicaciones de sus resultados. Estas elecciones se convirtieron en un fenómeno político de alcance mundial, porque la propuesta bolivariana se sustenta en una alternativa al capitalismo que ya muestra resultados, en un Siglo XXI signado por la búsqueda de alternativas a la crisis estructural que lo sacude.

En América Latina y el Caribe, donde está en marcha un proceso de integración de nuevo corte -que despuntó inspirado e impulsado por la propuesta bolivariana-, estas elecciones fueron asumidas, en distintos contextos, casi como propias. En muchos países, Movimientos Sociales, artistas, intelectuales, actores/as de la política, y otras/os, desplegaron agendas solidarias, analizaron el Programa de la Patria y siguieron de cerca los hechos y los datos. Asimismo, todos los gobiernos, independientemente de su tendencia, observaron con atención la agenda electoral y los distintos planteos.

La emergencia de un proyecto de integración soberano, deslindado del proyecto hemisférico imperialista, cuyas concreciones muestran ya resultados que convierten a la región en una alternativa en construcción, dibuja una línea de horizonte colectivo de largo alcance, en la que los pueblos de la región ven proyectadas sus aspiraciones. Por eso las elecciones venezolanas de octubre, fueron consideradas también como parte clave para el porvenir regional.

Estas dinámicas latinoamericanas, sus nuevos espacios de encuentro en la ALBA, la UNASUR, la CELAC, la propuesta de una nueva arquitectura financiera, y otras innovaciones que se constituyen al calor de nuevas visiones políticas, como las sustentadas por la tesis venezolana del Socialismo del Siglo XXI, concitan alto interés tanto en los pueblos del Sur, involucrados en búsquedas para superar sus problemas estructurales, como también en los movilizados entornos que se manifiestan en el Norte, en repudio a la aplicación de un fracasado modelo de ajuste estructural.

En ese escenario de procura de alternativas al capitalismo globalizado, Venezuela emerge como una muestra tangible de la posibilidad de emprender cambios, pues los resultados exitosos de su proceso son realidades innegables que están expuestas al mundo.

Esto explica la gran inversión en operativos de sabotaje, desinformación y otras formas de chantaje que se pusieron en evidencia durante el proceso electoral. La derecha internacional hizo campaña abierta, pues si algo preocupa a los poderes del capitalismo sobre las elecciones recientes de Venezuela, es su propuesta de construcción de un mundo multipolar, que conlleva el desmantelamiento de los denominados poderes ‘globales’.

La sola visibilidad de las potencias del Sur y las alianzas posibles entre ellas, aún sin cambiar de modelo, son ya una amenaza para esos poderes fácticos, las corporaciones transnacionales y los que dominan el mundo. Ni pensar entonces en el impacto de un liderazgo de propuesta como la del socialismo del siglo XXI, o la internacionalización de visiones de integración alternativa como la contenida en la ALBA.

Las elecciones venezolanas de octubre 2012 llegaron a constituirse en una suerte de diagnosis de la disputa de sentidos y orientaciones de sociedad. En un contexto en el que ya es casi un lugar común constatar el antes y el después, que delinea el despunte de la revolución bolivariana para el conjunto.

Casa adentro, el nuevo país de la Revolución Bolivariana, catorce años después, es un país politizado, cuyos niveles de conocimiento sobre propuestas y contextos abarca al conjunto de la sociedad. La Venezuela de hoy es un país que, además de estar politizado, debate en el día a día los contenidos de su propia historia, para pautar desde ahí su propuesta de cambio e imaginar su futuro.

Por eso, el mega debate que precedió al acto electoral de octubre 2012, fue eje dirimente de los resultados que reconfirmaron al Presidente Hugo Chávez para un periodo adicional en el Ejecutivo. De hecho, este candidato fue el autor de la convocatoria a debatir contenidos, argumentando que la batalla de ideas debe ser punto obligado en el proceso de maduración política del pueblo y su construcción de poder popular protagónico.

Esta inédita convocatoria a conocer y a pensar, revertida en demanda popular sobre contenidos, obligó también a las otras candidaturas a visibilizar sus propuestas o la ausencia de ellas. La convocatoria a debatir ideas devino entonces en una suerte de devolución inherente al enfoque dialéctico de la propuesta de democracia participativa, cuya profundización fue levantada como uno de los 5 ejes del Programa de la Patria, un compendio de pensamiento y estrategia para la transición hacia el socialismo, propuesto por el candidato Hugo Chávez.

Hugo Chávez hizo de la campaña electoral una suerte de aula abierta sobre los contenidos programáticos de una propuesta a largo plazo, que abarca objetivos nacionales, regionales, internacionales y planetarios, madurados en un proceso de 14 años de cambio, con la participación del pueblo. Esto y el acumulado de cambios estructurales tangibles luego de tres quinquenios delinearon la formula ganadora.

Las otras formaciones, que no tenían propuestas programáticas del alcance de las levantadas por este primer referente político, se ampararon en estrategias de deslegitimación institucional y política, desplegadas principalmente a través de los distintos sistemas comunicativos. La campaña mediática de la articulación de derechas, Mesa de la Unidad Democrática, auspiciante del candidato Henrique Capriles, que resultó segundo en la contienda electoral, benefició de un amplio respaldo de los medios transnacionales.

Por los contenidos propuestos en el Programa de la Patria y por las características del proceso de cambio en curso, en las referidas elecciones no se debatía apenas el mantenimiento de un programa social, alguna propuesta de infraestructura, o la orientación de una mera agrupación. Lo que estaba en juego eran orientaciones de mayor escala, en el nivel de la sociedad misma: el devenir del socialismo; las implicaciones de un poco probable retorno al neoliberalismo; el futuro de una Venezuela que a más de transformarse a sí misma, lidera una propuesta de multipolaridad en el mundo.

Al calor de la campaña, hasta algunas vocerías de la derecha se vieron obligadas a entrar al debate, a buscar argumentos, y más aún a recurrir a los símbolos del pueblo para posicionarse. El propio Henrique Capriles recorrió Venezuela disfrazado de pueblo, buscando mimetizar sus símbolos con aquellos de la Venezuela Bolivariana. Esto último es un indicio de la inserción popular lograda por el planteo de profundización del socialismo, al punto que la derecha intenta disfrazarse de izquierda para posicionarse.

Un nuevo Poder y una nueva cultura Electoral

El encaminamiento de este proceso electoral, encabezado por el Poder Electoral, uno de los cinco poderes del Estado, fue reconocido como idóneo por un amplio y heterogéneo entorno de Acompañantes Electorales, que observaron el proceso. La UNASUR, la Unión Africana, Intelectuales, Parlamentarios/as del mundo entero, y otros/as, se sumaron a una significativa representación de instancias electorales reconocidas mundialmente, que hicieron seguimiento del proceso. Entre estos, estuvo el Ex Presidente Jimmy Carter, vocero del estadounidense Centro Carter, quien afirmó que el sistema electoral venezolano es el “mejor del mundo”.

El Poder Electoral venezolano, tiene el mandato de coadyuvar al desarrollo de la democracia participativa –establecida constitucionalmente- y ha desarrollado por tanto un impecable sistema automatizado, que se complementa con un mecanismo participativo, constituido por un sinnúmero de veedurías, que atraviesan todas las fases del proceso, en las que participan todos los partidos involucrados. Eso garantiza la idoneidad de los resultados tanto electorales como referendarios.

En las elecciones de octubre este mecanismo electoral perfeccionado, actualmente encabezado por mujeres, puso en marcha un mecanismo impecable, y logró legitimar un resultado tan incontestable, que ni siquiera la beligerante oposición, luego de haber invertido gran energía a desacreditarlo, pudo refutar.

Así constituido y siendo pieza nodal del concepto de un nuevo Estado, importa observar en este Poder el apego al mandato constitucional: en la precisión de los procedimientos, la solvencia política garantizada por la claridad de las reglas del juego, los instrumentos para la convocatoria al proceso electoral, la planificación minuciosamente detallada del desarrollo del proceso, y otros aspectos conexos ampliamente garantizados.

En síntesis, así como el debate de contenidos fue eje substanciador de la campaña electoral, la idoneidad de los mecanismos técnicos para la obtención de resultados dio cuenta de la transformación de fondo que vive Venezuela. Atrás quedó una institucionalidad electoral concebida como una simple contadora de votos y se ha erigido una que garantiza la profundización democrática y lo hace desde mandatos de soberanía.

P.-S.

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